Criptoarte, una nueva disciplina artística que busca asegurar la autoría de los artistas.

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Es posible que se venda por casi 70 millones de dólares, un cuadro que nunca podrás colgar en la pared?

 

La respuesta a la pregunta es Sí, y lo consiguió el artista Mike Winkelman (Beeple en redes) con su obra digital The First 5000 days, que vendió en la casa de subastas Christie’s en marzo de 2021. Se trata de criptoarte y ya se considera  una nueva disciplina artística entre los coleccionistas de arte en todo el mundo.

El criptoarte se define como una vertiente creativa basada en la creación de contenido digital. Diseños digitales, imágenes, vídeos, … pero también contenidos no visuales como textos únicos, composiciones musicales, poemas o hasta tuits, son susceptibles de convertirse en criptoarte. Y eso se debe a que la tecnología que hay detrás de este tipo de creación artística soporta casi cualquier cosa: los famosos NFT (Non-Fungible Tokens, por sus siglas en inglés). Una tecnología que permite que el comprador de la obra artística pueda demostrar que es de su propiedad —aunque no implique derechos de propiedad intelectual— y sin importar el número de copias que se realicen.

Desde la democratización de los ordenadores, los creadores y artistas han utilizado las nuevas tecnologías para producir arte digital. Animaciones y diseños gráficos que eran realizados invirtiendo horas de trabajo y creatividad y que después se replicaban infinitamente, se colgaban en internet y cuya autoría acababa diluyéndose con el tiempo.

Por ese motivo, el criptoarte va un paso más allá de la simple creación digital. Los tokens no fungibles (NFT) aseguran la autoría del artista y permiten que su obra original sea adquirida por amantes del arte y coleccionistas o inversores. La obra puede ser copiada y difundida miles de veces, pero el original siempre estará en manos de quien tenga ese certificado digital.

Algunos expertos consideran que el criptoarte basado en NFT es el futuro de la producción artística digital. Aunque es pronto para asumir que exista un mercado mayoritario en el que se pueda vender y comprar arte en NFT utilizando criptomonedas, sí que se ha convertido ya en una forma de inversión para muchos coleccionistas digitales.

El ejemplo de la obra de Beeple es uno de ellos. La casa de subastas británica Christie’s que vendió esta pieza, definía la obra del artista como “un trabajo único en la historia del arte digital”. La obra, que es un collage de todas las imágenes que el artista estuvo publicando diariamente en redes sociales durante más de 13 años, se describe como “abstracta, fantasiosa, grotesca o absurda”. Y la decisión de Christie’s de apostar por este tipo de arte y de aceptar como pago una criptomoneda (en este caso Ether) la convirtió en la primera casa de subastas en ofrecer arte puramente digital, sin soporte físico.

El futuro del arte en un contexto digital está todavía por escribir, por ese motivo desde el Máster en Humanidades Digitales de UNIR se aborda la creación artística desde el conocimiento interdisciplinar.

 

 

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